Después de dejarlos de descansar un buen rato de mis comentarios (traducción: después de tirar mucha barra y ser un desidioso) vuelvo a compartirles un poquito de estas letras que tanto disfruto teclear, y que tanto agradezco que ustedes se tomen el tiempo de leerlas.
Hoy había planeado platicarles del concierto al que, con un gran ayuda de DIOS, pude ir el sábado pasado. Pero al parecer la inspiración hoy en anda por caminos más trillados (y creo también más valiosos), así que el concierto se quedará para el próximo post donde les contaré también cómo me fue en el partido de Pachuca Vs. DC Unted que es mañana (¡Vamos Tuzos!).
…. ahora sí… a lo que truje shensho…
Todo este tiempo en Washington me ha enseñado muchas cosas, de mí mismo, de la vida, de la gente, del mundo en general. He aprendido cada día, aunque sea algo que pareciera insignificante; sin embargo hoy por fin entendí uno de los peores corrosivos del espíritu humano: la rutina. El terror de todo joven al crecer es convertirse en un adulto más preso de la rutina, entrar al “montón” (como diría el buen Miguelito) de esos aburridos que viven presos de un horario predeterminado, víctimas del capitalismo que aliena y convierte a los hombres en recursos, donde sus horas se miden en productividad y no en experiencias: la rutina que deprecia al hombre, disminuye su productividad y termina por desecharlo cuando no le queda más vitalidad que la necesaria para lamentarse por todo lo que su “apretada rutina” no le dejó hacer. Hoy me encontré con ese monstruo, sé que siempre estuvo acechando, y hoy por fin le vi cara a cara. Jamás imaginé que tuviera esa mirada, que su rostro fuera como él que miré este día; nunca pensé que me pudiera conocer mejor de lo que yo mismo me conocía, y mucho menos hubiera comprendido antes que la única forma de ver mi propio espíritu, y de entender mis miedos era encontrándome con este monstruo que llamamos Rutina.
Al verlo tan de cerca entendí que no era el producto de un mundo capitalista y consumista, siempre ha estado ahí; que no escoge al pobre proletario para hacer su vida miserable; que poco le importa la posición social, el oficio o el género; la Rutina es tan diferente de lo que muchos imaginamos, pero a la vez mucho más espantosa y esclavizante de lo que muchas veces pensamos. Su fuerza no viene de un sistema opresor, sino de la fuente de la que nunca hubiéramos sospechado.
Hoy descubrí la Rutina… la ví a lo ojos, me vio a los ojos… me estuvo mirando, como diciéndome que siempre había estado ahí. Tenía una sonrisa cortada, tal vez orgullosa por haber sido descubierta apenas ahora, pero sabiendo que ya no estaba más encubierta y que de mí dependía vencerla. Sus ojos me miraron desafiantes y a la vez temerosos, me estaba retando, pero sé que tenía miedo de que yo aceptara el reto. No dijo nada, todo estaba dicho, no necesito explicar nada… al verla lo supe todo.
Por un momento quise culparla de tantas cosas que, gracias a ella, me han hecho derramar más de una lágrima y lastimar a no menos amigos. -”¡Tantas oportunidades que perdido por tu culpa!”- quise gritarle. Pero entendí que ‘Rutina’ (que al fin y al cabo es nombre) ya lo sabía. Después de mirarnos fijamente, derramé una lágrima, y sorprendido vi que de los ojos de ‘Rutina’ brotaba también una lágrima. No obstante, eran tan diferentes. Mi lágrima era amarga, llena de dolor, fruto del odio que sentía por todo lo que ese monstruo, ‘Rutina’, ya había hecho conmigo apenas a mis 22 años. La lágrima de ‘Rutina’ era como una pequeña pero brillante estrella, como el llanto del que recibe esperanza cuado ésta parecía perdida. Era una lágrima de alivio, la mía era una de rencor. Yo sentía repugnancia por ese monstruo; ‘Rutina’ en cambio, parecía sentirse aliviado de haber sido encontrado. Fue en ese momento que entendí que ‘Rutina’ no era quien yo había pensado, que él odiaba tanto lo que me hacía como yo lo odiaba él… fue entonces que entendí el llanto de los dos, supe porque compartimos esa lágrima… hoy por fin ví cara a cara a mi ‘Rutina’, la encontré en un espejo.
Yo había creado ese monstruo, él nunca me atrapó, yo me atrapé a mi mismo. Por eso lloramos, porque sabía todo lo que yo mismo había dejado escapar… no fue la rutina quien se robó tantas oportunidades, fue mi cobardía, fue mi auto-complacencia. También por eso en esa lágrima había una luz de esperanza, porque por fin entendía que yo había construido mi propia prisión de miedos y comfort, y supe que en mí estaba el escapar; sabía que DIOS me había dado las herramientas para escapar de mis propios errores y que en mí estaba el decidir acabar con ese monstruo que en el fondo también deseaba ser destruido.
Al verlo una ves más a los ojos, y ver mi propia mirada triste vi como nació, como lo crié y como se convirtió en lo que ahora veía. Cada vez que cambié mis sueños por miedos, que dejé de hacer lo que me apasionaba por aquello que era más cómodo placentero, cada vez que un “no tengo tiempo” se interpuso entre un amigo y yo, y cada vez que “ocupado” fue mi respuesta a la voz de DIOS, cada vez ‘Rutina’ se hacía más fuerte y mi espíritu se apagaba.
Cada vez que preferí dormir que soñar, o que sobreviví cuando pude haber vivido, cada vez que hice esto alimentaba a ‘Rutina’ quien con dolor devoraba mis metas y sueños; mientras yo no entendía como me sentía tan incompleto en mi comodidad.
Hoy conocí a ‘Rutina’, y hoy le dije adiós. Le agradecí esa lágrima, porque hizo que la mía fuera menos amarga. Espero no volverle a ver nunca más, y sé que él no quiere volver, porque hoy entendí que la única forma de tener una rutina es escoger no vivir.
Esta mañana me miré al espejo, esta vez vi VIDA.
DIOS nos ha dado mucho para dar, tanto que nos puede matar el no compartirlo.
Espero que hoy en el espejo no vean lo que quieren ver, sino lo que necesitan ver.
DIOS LOS BENDIGA
A todos los que leen este blog, gracias, es por ustedes que escribo (aunque sean poquitos). LOS AMO y me atrevo a decirlo je je je.